Ojalá… Palabra aguda de cinco letras (tres de ellas vocales) y miles de historias a sus espaldas. Palabra que oculta casi tanto como un simple “pero” o un “nada” cuando te preguntan qué te pasa.

Palabra que odiaré y amaré por siempre a partes iguales, que me permite soñar y a la vez ver la realidad tan cruda como ha sido siempre. Palabra para soñadores, ilusionados, enamorados, palabra para todas aquellas personas que ambicionan más de lo que poseen. Pero sobre todo, palabra para quienes no se limitan a soñar e imaginar aquello que quieren, sino que van tras ello sin límite, sin freno, sin pausa. Para personas apasionadas a quienes les importa más bien poco aquello que los demás piensen o digan, que lo único que les importa son las personas que quieren y aquello que tanto anhelan.

¿Cómo una simple interjección puede tener tanto valor, tanto poder y acepciones? Ya lo indica su propia definición y es que esta palabra esconde los vivos deseos de la persona que la pronuncia. Pues bien, decidme sinceramente y sin tratar de engañarse a uno mismo, quién no ha deseado con todas sus fuerzas, quién no ha querido tener a su lado a alguien que dejó atrás o de cuya presencia carece, quién no ha necesitado unas palabras de calma en momentos de tristeza o desolación. Decidme ahora que eso nunca os ha pasado y no os creeré. Decidme que de niños y no tan niños no habéis pedido deseos a las estrellas fugaces, que no habéis esperado amanecer el día de Reyes con las cosas que habíais escrito en una carta sin destino. Decidme que no os habéis parado a observar las estrellas deseando saber qué hay detrás de todo esto, qué esconde tanta inmensidad.

Pues bien, yo también soy culpable, culpable por dejarme llevar por la facilidad de desear y no actuar. Culpable por esperar un “Buenos días, enana” que alegre mis días, por ansiar un “Hola” que no llega, por pensar que con desearlo bastaría. Y no, no es así. Llega un momento en el cual te das cuenta de la importancia de tus acciones, que caes en la cuenta de que lo mismo que lo esperas tú, lo esperan otros mil. Días en los que te das cuenta de que ha llegado el momento de empezar a actuar, de dar todo aquello que quieres recibir, de ayudar a los demás a comprender qué es lo que esperas. Porque no, por suerte o por desgracia no somos adivinos ni capaces de leer la mente.

Quién puede saber que estás deseando unas meras palabras que te empujen a seguir adelante, un abrazo donde cobijarte, un lugar donde quedarte. Y es que a menudo las personas son nuestros lugares preferidos y en esta ocasión mi “ojalá” va dedicado a ti. A ti que has llegado hasta aquí, a ti que has sido capaz de luchar para alcanzar tus metas, a ti que sigues luchando y soñando para lograr todo lo que te propones cada año. A ti te pido que no lo abandones, que nunca desistas. Que si realmente quieres algo, luches hasta conseguirlo pero que disfrutes del camino. Que lo importante no es llegar a Ítaca, sino el trayecto, las lecciones y experiencias que ello te conlleve. Que si fallas una vez, recuerdes todas esas veces que te caíste y volviste a la carga, aquellas veces que nadie creía en ti y tú te esforzaste hasta demostrarles que estaban equivocados. Te pido que lo intentes una vez más, que no hay nada mejor que aprender de los errores y levantarse con una sonrisa. Si perseveras, alcanzarás una gran satisfacción al llegar a tu destino, al demostrarte a ti mismo que eres capaz de eso y más.

A ti te ruego que no dejes que el orgullo, las dudas y la indecisión se apoderen de ti, que lo mismo que persigues tus sueños lo hagas con las personas. Porque no hay nada más bonito que ver cómo otra lucha por mantenerse en tu vida, que se esfuerza por sacarte una sonrisa en cada momento de flaqueza, que no deja por nada del mundo que caigas al suelo… Porque esas son las personas que merecen la pena, las personas que hemos de conservar sea como sea, esos pequeños tesoros tan difíciles de encontrar.

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