Echar la vista atrás y darse cuenta de todas aquellas personas que han pasado por tu vida y las que quedan, las que se irán y las que aún faltan por llegar.

Percatarse de la cantidad de gente que ha pasado y los pocos que quedan. A fin de cuentas es bonito verlos entrar y salir de tu vida, por más que duela. Aprender de todos ellos y ver cómo te hacen mejor persona con su mera presencia por más breve que sea; ellos dejan parte de sí mismos en ti y sólo por eso merece la pena. Poder mirar atrás y sonreír aún con lágrimas en los ojos ante tan buenos recuerdos y otros que no lo son tanto.

Porque de todos ellos, sólo algunos te marcan y son esos los que marcan la diferencia, de quienes aprenden y a quienes tienes presente día a día sin importar el tiempo que haya transcurrido desde que aparecieron en tu vida. Esos que hacen de ti el individuo que eres ahora, que te dan fuerzas para continuar y a quienes has de agradecer todo cuanto tienes pues son quienes te hicieron luchar.

En mi caso, no podría nombrar sólo a una persona que haya logrado eso y por desgracia en su mayoría ya dejaron de estar a mi lado y al lado de nadie, abandonaron este mundo pero no sin antes dejar huella en aquellos que como yo tuvimos la fortuna de tenerlos en nuestras vidas.

Y a pesar de todo, nunca volvería atrás. No cambiaría absolutamente nada de mi pasado, ni siquiera volvería para revivir momentos especiales. Y es que cada cosa tiene su momento y su función y gracias a todos los errores cometidos, a las personas conocidas, a las desilusiones y logros… Gracias a todo ello, somos quienes somos. Como un grande dijo una vez: “No se ha de aprender nada del éxito, solo de los errores se sacan conclusiones”. Así que no, no volvería atrás en el tiempo ni aunque pudiera, por más que duela.

images

 

Advertisements